Historias Descartadas

Memoria crítica frente al olvido selectivo


Francisco, ¿por qué terminó usted en Mauthausen?

,

Hace años, cuando mi vida en Viena era precaria y provisional, me aficioné a imaginarme cómo sería mi vuelta. Para sobrellevar un poco mejor la explotación, la barrera lingüística, y otros tantos sinsabores propios del migrante, a menudo fantaseaba con un regreso triunfal. Me veía volviendo a casa por la puerta grande, convertido en una versión mejorada de mí mismo tras haber superado con éxito todas las pruebas en la arena internacional. Pobre iluso. Entonces aún no sabía que los años y los obstáculos no te hacen mejor, solo más viejo y cansado. Tampoco sospeché nunca que en vez de una victoria terminaría trayéndome de vuelta algo muy distinto: el recuerdo de un vencido, la biografía de un deportado a Mauthausen.

Hoy, varios meses después de mi regreso, me dispongo a hacer balance de esta etapa de mi vida que siempre llevaré conmigo. Pero no quiero hacerlo enumerando mis propias vivencias, sino recuperando la memoria de quién nunca pudo volver de Austria, recordando a Francisco Gómez Roldán. Con este texto quiero dejar constancia de toda la información sobre Francisco que he ido recopilando a lo largo de los años, y responder a una pregunta: «¿Por qué terminó usted en Mauthausen?» De haber sobrevivido, el propio Francisco podría haber respondido a la cuestión con la que Montserrat Roig tantos testimonios de supervivientes recabó para el libro Los catalanes en los campos nazis. Pero, aunque falte su voz, por muy grandes que aún sean las lagunas en su periplo, creo que es necesario intentar dar una respuesta y rescatar una historia que alberga más enseñanzas que cualquier victoria.

Un carteyano en Mauthausen

La primera vez que supe de Francisco fue el 9 de agosto de 2019, gracias al «Listado de españoles fallecidos en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen» publicado en el BOE. La lista contenía 4.427 nombres, junto a sus respectivas fechas de nacimiento, de defunción, y lugares de origen. Movido por la curiosidad busqué el nombre de mi propio pueblo, y apareció un único resultado:

GÓMEZ ROLDÁN FRANCISCO 10/11/1907 NUEVA CARTELO CÓRDOBA 30/09/1941 MAUTHAUSEN

De inmediato supuse que «Nueva Cartelo» solo podía ser una errata de Nueva Carteya, el municipio que ambos teníamos en común —Nueva Castella, Nuevacartella, Nuevacartelle; con el tiempo he comprendido que este error fue una constante durante todo el recorrido de Francisco—. Y, efectivamente, mis sospechas se confirmaron en el memorial en línea del KZ Mauthausen, donde encontré anotado el correcto nombre del pueblo cordobés junto al de Francisco Gómez Roldán. ¡Hubo un carteyano que falleció en Mauthausen!

Dispuesto a enmendar el error del BOE, decidí presentar alegaciones. No tenía pensado involucrarme demasiado, de hecho, mi primera tentativa fue contactar con el ayuntamiento del pueblo para ver si alguien estaba dispuesto a hacerse cargo de la responsabilidad. Pero como no me hicieron mucho caso, terminé por asumir yo mismo la tarea. Para solicitar la corrección hacía falta la partida de nacimiento del fallecido, así que me presenté en el Registro Civil del municipio aprovechando unos días de asueto. Por desgracia no constaba ningún Francisco Gómez Roldán nacido en Nueva Carteya el 10 de noviembre de 1907. Sin pruebas y con el plazo para las alegaciones a punto de terminar, a un buen amigo se le ocurrió solicitar la corrección a pelo, sin documentación que la avalase. Total, no existía ningún pueblo en toda la provincia llamado Nueva Cartelo, y estaba la confirmación del memorial. No perdíamos nada por intentarlo.

La respuesta tardó más de dos años en llegar, pero, finalmente, ¡la alegación fue aceptada! «En virtud de los principios de VERDAD Y JUSTICIA», la Magistrada-Juez del Registro Civil Central inscribió el correcto lugar de nacimiento de Francisco. La resolución también añadía alguna información adicional sobre el inscrito, como los nombres de sus progenitores, Tomás y Elena, y las fuentes archivísticas que confirmaban su defunción. ¡El sistema funcionaba! Unos meses más tarde, durante una mañana fría y gris, tuve la oportunidad de cerrar este círculo en el propio Memorial de Mauthausen, cuando di con el nombre de Francisco entre los miles de fallecidos conmemorados en el Raum der Namen. Caso cerrado. O no.

Aquella visita, lejos de contentarme, no hizo más que avivar mi interés por la vida de mi paisano y las circunstancias que lo llevaron a tan fatídico destino. Y como en la carta del Ministerio de Justicia se mencionaban los Archivos Arolsen, pues me puse a rebuscar papeles. Llama la atención que sean los últimos años de Francisco, precisamente los marcados por la barbarie nazi, los más documentados de su vida. Entre los distintos documentos disponibles en el ingente archivo de Arolsen, pude encontrar el Todesfallaufnahme, el acta de su muerte fechada en Mauthausen a las 07:30 del día 30 de septiembre de 1941. El documento también incluía su lugar de nacimiento, su profesión, y algo más, la dirección de su madre: «Mutter Dona Mencia Cordoba Calle del Calvario». Que la dirección no coincidiese con la señalada en la resolución del Registro Civil me hizo dudar. Y esa duda me llevó a otros archivos, a otras listas, a otras fuentes, hasta reunir suficiente información como para reconstruir la biografía de Francisco Gómez Roldán que ahora comparto.

Una biografía incompleta de Francisco Gómez Roldán

Francisco nació el 10 de noviembre de 1907. Fue hijo de Antonio Gómez Expósito, nacido en Nueva Carteya el 15 de septiembre de 1871, e Isabel Roldán Bonilla, nacida en Baena en 1876. Se sabe que tuvo dos hermanos, Elena y Antonio, y que su padre, barbero de oficio, marchó a Valdepeñas cuando Francisco tenía seis años, perdiéndose allí su rastro. Al cumplir 21 años, como todos los varones de su edad, fue llamado a filas. Sin embargo, en 1929, amparándose en la ausencia de su padre, el mozo pidió una prórroga de primera clase, tal y como contemplaba el artículo 89 del Real decreto sobre el reclutamiento y reemplazo del Ejército de 1924, el cuál eximía del servicio militar a los hijos que mantuviesen a su madre pobre, si el marido se hallase ausente por más de diez años. Según el Boletín Oficial de la provincia de Córdoba, Francisco solicitó esta prórroga a través del ayuntamiento hasta en dos ocasiones. La segunda fue en 1932, cuando el consistorio de Nueva Carteya ya era republicano y estaba dirigido por el alcalde socialista Juan Caballero Polo.

La información que se conserva sobre él durante la Segunda República procede, irónicamente, del Fichero de la Sección Político-Social, creado en época franquista. De acuerdo con su ficha personal, Francisco era agricultor y desde 1932 estuvo afiliado a la Juventud Socialista y a la UGT. A pesar de la fuerte influencia que tuvieron las ideas anarquistas en Nueva Carteya, como recogió Juan Díaz del Moral en Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, parece ser que mi paisano encontró acomodo político en el socialismo. De hecho, gracias a la hemeroteca, es posible rastrear el momento exacto en el que las organizaciones socialistas recalaron en el pueblo cordobés. Durante 1929 y 1930, El Socialista, periódico del Partido Socialista Obrero Español, dedicó una serie de noticias a los contactos mantenidos entre militantes montillanos y campesinos carteyanos. Entre otras cosas, se relataba la gran acogida que había tenido el mitin de Francisco Zafra en Nueva Carteya, y «los trabajos preliminares para constituir la Juventud Socialista», sin dejar pasar la oportunidad para criticar a los rivales políticos anarcosindicalistas. De esta misma época también consta la existencia de dos sociedades obreras locales, a las cuales Francisco pudo haber estado vinculado: la Sociedad de Obreros Agricultores «La Tierra», y la sociedad de la CNT-FAI «El Disipar de las Tinieblas».

Aquel bullente movimiento obrero no pudo evitar que el 17 de marzo de 1934 el consistorio de Nueva Carteya, como tantos otros ayuntamientos gobernados por socialistas, fuese sustituido por una comisión gestora. La decisión, tildada de «abuso de autoridad» en las páginas de El Socialista, provino del ejecutivo de Lerroux, uno de los gobiernos que conformarían lo que se llegó a conocer como el bienio conservador de la Segunda República. Fue en este mismo periodo cuando tuvo lugar la Revolución de Octubre de 1934. Promovida por el dirigente socialista y secretario general de UGT Francisco Largo Caballero, esta huelga revolucionaria, duramente reprimida, pretendía instaurar el socialismo por la vía de la insurrección. Largo Caballero, que abogaba por «luchar en las calles con la burguesía», fue detenido el 14 de octubre como cabecilla de la revuelta. El suceso no pasó inadvertido para la Juventud Socialista de Nueva Carteya, de la que Francisco formaba parte, y llevó a la agrupación a alinearse con el ala revolucionaria del socialismo, como atestigua una carta de diciembre de 1935, en la que Largo Caballero agradecía a la sección juvenil carteyana su adhesión a la causa socialista.

Cuando el 17 de julio de 1936 estalló el golpe de Estado, el sentir político en Nueva Carteya estaba mayoritariamente del lado republicano. El ayuntamiento socialista había sido restituído en las elecciones de febrero, y, como afirma el historiador Arcángel Bedmar, «Nueva Carteya fue una de las dos localidades de la campiña cordobesa, junto a Bujalance, donde la Guardia Civil no secundó el golpe de Estado». El municipio continuó bajo el control republicano hasta el 29 de septiembre, cuando fue tomado por tropas nacionales provenientes de Cabra, y «771 vecinos de todas las edades huyeron a zona republicana.» Francisco estuvo entre aquellos huidos. Otros no lo lograron, como el diputado socialista de Montilla Francisco Zafra, fusilado en Baena el 27 de julio.

Una vez en suelo republicano, mi paisano se alistó como soldado voluntario. Desconozco sus motivaciones, aunque el testimonio aportado por el deportado espejeño Virgilio Peña en Los últimos españoles de Mauthausen puede dar alguna pista:

«¿Me preguntas por qué luché a favor de la República? Anda que vaya cojones que tienes tú también, mira que preguntarme eso. Pues luché por ella porque era lo mejor que habíamos tenido hasta ese momento en España. ¿Tú sabes lo que era trabajar de sol a sol en los campos de Córdoba con ese calor y por un salario de miseria? Yo empecé a segar el trigo con 16 años, era casi un niño. Cuando llegó la República aprobó una ley implantando la jornada laboral de ocho horas.»

No se conoce el trayecto exacto de Francisco durante la guerra, pero se puede trazar un recorrido probable siguiendo el rastro de otros que, como él, tuvieron que abandonar sus pueblos ante el avance fascista. Se sabe que Francisco estuvo encuadrado dentro de la 24ª Brigada Mixta, formada en Jaén. En su monumental obra Vae Victis, Antonio Gómez Pérez identificó en esa misma brigada a otros 10 milicianos procedentes del vecino pueblo de Doña Mencía, y que, en su huida, pudieron haber seguido un itinerario similar al del carteyano: Nueva Carteya, Castro del Río, Cañete de las Torres, Bujalance, Porcuna, Martos, Jaén. Gracias a Historia y Memoria de la 24ª Brigada Mixta del Ejército Popular de la República formada en Jaén pude seguir los pasos de esta unidad militar. Según el libro, la 24ª se nutrió principalmente de los voluntarios de las Milicias de Jaén, como la Milicia de Dinamiteros de La Carolina y Linares, presente en las localidades de Espejo y Castro del Río del Frente de Córdoba. También consta que el Batallón de Milicias Populares de Jaén, en la que se agruparon todas las columnas jienenses, y que precedió a la 24ª Brigada Mixta, estuvo «compuesto por cuatro compañías, más la quinta formada por cordobeses». De acuerdo con Antonio Santos González, el 70% de estas milicias populares fueron absorbidas por las Brigadas Mixtas a partir de octubre de 1936, tras la militarización implantada por el gobierno de Largo Caballero.

En el transcurso de la guerra, la 24ª Brigada Mixta, y probablemente también Francisco, participó en las decisivas batallas del Jarama y del Ebro. Perdidas las últimas posiciones en Cataluña, dio inicio la penosa retirada. Santos González sitúa a los restos de la compañía entrando en Francia por la frontera de Le Perthus «entre los días 7 enero y 7 de febrero». Y ahí es donde se difumina el ya de por sí tenue rastro de Francisco. El autor afirma que la mayoría de los soldados de la 24ª recalaron en Septfonds y Les Alliers. Sin embargo, tras haber consultado los archivos disponibles de varios departamentos galos, no he podido ubicar el campo de refugiados en el que fue internado mi paisano. Por desgracia se conservan muy pocos registros de los primeros meses de 1939, cuando alrededor de 475.000 refugiados republicanos cruzaron la frontera huyendo de las tropas franquistas.

El nombre de Francisco no vuelve a emerger hasta 1940, tras haber sido capturado por los nazis y encerrado en el Frontstalag 140, el campo de prisioneros de guerra alemán emplazado en Belfort. En este punto, tratar de discernir su recorrido por Francia implica partir de una hipótesis no confirmada: Francisco estuvo internado en un campo de refugiados francés durante los primeros meses de 1939, donde habría sido reclutado para trabajar en una CTE (Compañía de Trabajadores Extranjeros). Las condiciones en los campos franceses eran denigrantes; los refugiados no tenían agua potable, ni un mínimo de higiene, viéndose obligados a dormir a la intemperie en muchas ocasiones. Para escapar de esta situación los republicanos tenían tres opciones: ser repatriados a España, y asumir las posibles represalias de los vencedores, alistarse en la Legión Extranjera Francesa, u ofrecerse voluntarios para trabajar en las CTEs, creadas el 12 de abril de 1939 al servicio del ejército francés. Puesto que Francisco terminó siendo prisionero de los nazis, lo más plausible es que estuviese enrolado en alguna CTE cuando cayó París el 14 de junio de 1940.

De acuerdo con el Libro Memorial. Españoles deportados a los campos nazis (1940-1945), Francisco fue el prisionero de guerra número 7.828. El 10 de enero de 1941 fue transferido al Stalag XI-A, en Altengrabow, ya en territorio alemán. El historietista José Cabrero Arnal, el cual compartió presidio con mi paisano, afirmó en Los catalanes en los campos nazis que la mayoría de reclusos se conocían por haber estado «juntos en la misma compañía de trabajadores en Francia, en la línea Maginot». Es posible que Francisco también hubiese compartido ruta y penalidades con otros deportados cordobeses encarcelados en la misma prisión, como Pedro Navas Caballero, de Doña Mencía.

En el Stalag XI-A los republicanos aún eran considerados prisioneros de guerra, y disfrutaban de ciertas garantías. Sin embargo, como recogió Montserrat Roig, esta situación no duró mucho:

«En abril de 1941, la Gestapo fue al Stalag 11A y preguntó a los presos españoles quiénes eran los que habían participado en la guerra de España. Los que dijeron que sí fueron enviados a Mauthausen. A los que quedaron, los mandaron a reparar el dique del río Elba. Entre ellos había civiles alemanes. Los republicanos hablaron con ellos e, inocentemente, les contaron sus aventuras en la Guerra Civil. La Gestapo lo supo y los mandó inmediatamente a Mauthausen.»

El comunista montalbeño Alfonso Cañete Jimenez, que vivió en sus propias carnes la saca, recordaba su deportación al campo con estas palabras:

«llegaron los alemanes (Gestapo) […] y dijeron que los españoles salieran. Ellos tenían sus listas. Nos sacaron por la noche sin saber adónde íbamos: si a España o a otro lado. No teníamos noción de lo que serían los campos aquellos. Nos sacaron a todos los españoles y nos montaron en camiones. Nos metieron en unos vagones hacinados con algunos cacharros para mear y cuando amaneció, estábamos en Mauthausen. Era el día 3 de abril del año 41.»

Ese cambio de estatus de los presos republicanos respondía a la orden 5740/38 –IV A 2–, encomendada por Hitler y firmada por el General de División de las SS y jefe de la Gestapo Heinrich Müller el 25 de septiembre de 1940. En dicha orden se establecía que los Rotspanienkämpfer (combatientes rojos españoles) debían ser puestos a disposición de la Policía Secreta y trasladados a campos de concentración. Es necesario señalar que la publicación de este decreto ocurrió pocas semanas después de la visita a Alemania de una comitiva franquista encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores Ramón Serrano Suñer, quién tuvo la oportunidad de entrevistarse con su homólogo von Ribbentrop y con Himmler, y, seguramente, de departir sobre la situación de los republicanos en manos de los nazis.

El 24 de abril de 1941 un tren con 469 republicanos partió del Stalag XI-A hacia Mauthausen. Francisco iba en aquel convoy. Llegó al campo el día 26 y fue registrado con el número 3.555. Al día siguiente, el propio Himmler pasó revista a las instalaciones del Konzentrationslager austriaco. Clasificado en su momento como el único campo de concentración de Categoría III del Tercer Reich, Mauthausen era considerado un Ausmerzungslager, un campo de exterminio por trabajos forzados. Obligados a trabajar hasta la extenuación en la cantera aledaña, muchos de los internados no pudieron soportar los terribles esfuerzos y sucumbieron. Otros fueron asesinados directamente por las SS. Especialmente duro para los republicanos fue el invierno entre 1941 y 1942, cuando se registró la mayor mortandad entre los deportados españoles. Francisco falleció el 30 de septiembre de 1941. Según el Totenbücher del campo, la causa de su muerte fue «Colapso. Debilidad cardíaca aguda». Sin embargo, el trabajador del Memorial de Mauthausen Florian Fessler me advirtió que «a menudo, los asesinatos se camuflaban como muertes por causas naturales». En su extenso análisis sobre la muerte en el campo, Montserrat Roig corroboró esta posibilidad: «la autopsia decía que el preso había muerto por mala circulación de la sangre, debilidad cardíaca o debilidad general. […] Los médicos alemanes hacían las autopsias sin ver a los muertos».

Todas las muertes del deportado 3.555

Francisco no fue el único deportado que llevó el número 3.555. Los números en Mauthausen iban siendo reciclados a medida que los prisioneros fallecían. Antes de que fuese asignado a mi paisano, el número 3.555 perteneció al catalán Joan Tura Ros. Nacido en Mollet del Vallès en 1912, Joan estuvo destinado en Dunkerque con la CTE 117, fue recluido en el Stalag I-B, y finalmente deportado al campo austriaco el 9 de agosto de 1940. Falleció en el terrible subcampo de Gusen el 29 de marzo de 1941. El 24 de noviembre de aquel mismo año el número volvería a ser utilizado, en esta ocasión para designar a Juan Soto Requena, oriundo de Carboneras. Por suerte, este último logró sobrevivir, y al menos uno de los deportados marcados con el 3.555 pudo contemplar aquella pancarta desplegada sobre los muros del campo el 5 de mayo de 1945, que rezaba «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras».

Tras la liberación, la muerte de Francisco Gómez Roldán pasó a formar parte del reino de los archivos y las listas. Como he dicho, tuve conocimiento de su existencia de forma fortuita en 2019. Pero su nombre llevaba mucho más tiempo apareciendo en las distintas relaciones de deportados fallecidos con las que trabajaban los investigadores. Por ejemplo, el libro Andaluces en los campos de Mauthausen ya lo identificaba en 2006 como uno de los 925 andaluces asesinados en Mauthausen-Gusen, de los cuales 232, el 25% de toda la comunidad, procedían de la provincia de Córdoba.

Sin embargo, todas estas publicaciones e investigaciones posteriores no hubiesen sido posibles sin las listas originales, rescatadas por tres catalanes que trabajaron como escribientes en las oficinas de Mauthausen. Casimir Climent, Joan de Diego y Josep Bailina —este último deportado en el mismo convoy que Francisco—, consiguieron salvar los registros del campo, y confeccionar 7 listas que entregaron al Comité Nacional Español de la resistencia, a la Cruz Roja, y, más tarde, a la Amicale de Mauthausen francesa. Estas listas fueron clave en varios procesos judiciales, dando respaldo documental a las atrocidades cometidas por los nazis. Una de las primeras publicaciones que las hizo públicas fue Solidaridad Obrera, editada por la CNT en el exilio parisino. Por fascículos, y bajo el título de «Los Crímenes del Fascismo», este periódico fue publicando semanalmente los nombres de todos los fallecidos en el campo. El de Francisco apareció el 18 de agosto de 1945 en el número 43.

Desde aquella temprana publicación, el destino aciago de Francisco se ha ido dando a conocer a arreones, en función de la disponibilidad de unos archivos siempre fragmentados. Por ejemplo, en 1952 el Ministère des Anciens Combattants et Victimes de Guerre francés publicó el Avis officiel de Deces número 71.751 con los datos del deportado cordobés. El documento certificaba que el fallecimiento de Francisco tuvo lugar en Mauthausen, y señalaba también la identidad de su madre: Isabel Roldán.

De hecho, es probable que la familia de Francisco ya conociese su paradero, antes incluso de finalizada la guerra. Los Archivos Arolsen almacenan las peticiones realizadas por la Cruz Roja para recabar información sobre los republicanos desaparecidos durante la Segunda Guerra Mundial. Estos esfuerzos a veces daban sus frutos, y conseguían hacer llegar a los familiares en vilo alguna noticia, aunque fuese la fatídica confirmación de una muerte. Así ocurrió con Marcelino Sanz Mateo, aragonés fallecido en Gusen, cuya historia pudo ser rescatada por su nieto Alban Sanz gracias a la correspondencia conservada. Desconozco si ese fue el caso de Francisco, si su familia llegó a recibir notificación de su muerte. Lo único claro es que en el certificado de defunción de Isabel Roldán, registrado en Doña Mencía en 1946, aparecen los nombres de sus dos hijos vivos, y falta el de Francisco.

El nombre del deportado volvió a resonar en Nueva Carteya una vez más en 1981, cuando la Amical de Mauthausen de Barcelona escribió al ayuntamiento solicitando información sobre los parientes vivos de Francisco Gómez Roldán. En aquel momento, la asociación estaba inmersa en la tarea de informar a los familiares de las victimas sobre las indemnizaciones que concedía la República Federal Alemana por los crímenes nazis. El alcalde, en su respuesta, dio el nombre de dos primos hermanos: Francisco y Francisca. Y hasta ahí llega el viaje documentado del deportado. Quizá sus parientes lograron solicitar la indemnización, quizá el recuerdo del difunto continuó su curso por las vías soterradas de los asuntos familiares. Lo que está claro es que la muerte de Francisco desapareció de la memoria colectiva del pueblo, y durante muchos años su nombre estuvo relegado al olvido, que no es otra cosa que una segunda muerte.

La muerte es insalvable, pero la memoria se recupera ejercitándola. Por eso he querido recordar que un vecino de Nueva Carteya murió en Mauthausen por luchar contra el fascismo.

Fuentes:

Bermejo, B. y Checa, S. (2006). Libro Memorial. Españoles deportados a los campos nazis (1940-1945). Ministerio de Cultura.

Checa, Río Sánchez, Martín Morales. (2006). Andaluces en los campos de Mauthausen. Centro de Estudios Andaluces.

Roig, M. (2017). Los catalanes en los campos nazis. Ediciones Península.

Hernández, C. (2019). Los últimos españoles de Mauthausen: La historia de nuestros deportados, sus verdugos y sus cómplices. B de bolsillo.

Gámez García, Santos González, Valdivia Morente. (2020). Historia y Memoria de la 24ª Brigada Mixta del Ejército Popular de la República formada en Jaén. Instituto de Estudios Giennenses.

Gómez Pérez, A. (2020). Vae Victis! ¡Ay de los vencidos! Doña Mencía: 1900-1950. Diputación de Córdoba.

Bedmar, A. (2024). Nueva Carteya 1903-1943. Movimiento obrero, II República, Guerra Civil y represión en la posguerra. Ayuntamiento de Nueva Carteya.

Portal de Archivos Españoles (PARES). Ministerio de Cultura. https://pares.cultura.gob.es/inicio.html

Arolsen Archives. International Center of Nazi Persecution. https://arolsen-archives.org/

Service historique de la Défence. https://www.servicehistorique.sga.defense.gouv.fr/

30 de agosto de 1929. El Socialista, nº 6414. Hemeroteca de la Fundación Francisco Largo Caballero.

Registro Civil de Nueva Carteya.

Registro Civil de Doña Mencía.