12. Februar 1934


El 12 de febrero de 2024 se cumplieron 90 años del estallido de la Guerra Civil Austriaca. Sí, a mí también me costó ubicar un conflicto armado en Austria antes del nazismo, y mucho más entender que existió otro dictador en pugna directa con Hitler. Al principio lo achaqué a que, al contrario que otros acontecimientos ocurridos durante la primera mitad del Siglo XX, los enfrentamientos de febrero no habían llegado a trascender fuera de las fronteras del país centroeuropeo. Pero con el tiempo he comprendido que la Guerra Civil Austriaca es una de esas lecciones ignoradas del libro de historia, relegada incluso dentro de los propios debates nacionales, sobre la que siempre se intenta pasar de puntillas y sin profundizar demasiado.

Solo en las últimas décadas se ha empezado a revertir esta tendencia, principalmente, gracias a los esfuerzos de diversos colectivos sociales empeñados en dar a conocer unos hechos que tuvieron gran repercusión en las luchas obreras de la época. Este año, por ejemplo, junto a una manifestación en recuerdo del levantamiento obrero, la asociación 12. Februar también ha organizado unas jornadas de conferencias en las que varias historiadoras han abordado los sucesos de 1934 con una mirada crítica alejada de los convencionalismos heredados del pasado. Algo muy necesario, ya que, a fin de cuentas, se trata de una episodio complejo desconocido para gran parte de la población austriaca, cuyas implicaciones aún se dejan sentir hoy día en el panorama político del país alpino.

La complejidad de este periodo se debe, en gran parte, a la gran cantidad de hechos decisivos que suceden durante los 15 años que van de la proclamación de la Primera República de Austria a la revocación del parlamento. Por suerte, podemos hacernos una idea del transcurso de los acontecimientos acudiendo a los conceptos claves que orbitan alrededor del 12 de Febrero de 1934. Algo así como una especie de glosario de la Guerra Civil Austriaca.

Rotes Wien:

Viena, 12 de noviembre de 1918. Terminada la Gran Guerra y disuelto el Impero Austro-húngaro, Austria deviene en república. El Sozialdemokratische Arbeiterpartei (SDAP) pronto se hace con las riendas de la alcaldía de la capital y la convierte en su principal bastión. Tirando de impuestos a las grandes fortunas, los socialdemócratas ponen en marcha un ambicioso programa de reformas en el que destaca un extenso proyecto de vivienda social. En muy pocos años, sus característicos edificios comunales llegan a todos los distritos de Viena. El objetivo SDAP es mejorar las condiciones de la clase trabajadora, pero también propiciar la llegada de la «nueva gente», destinada a hacer realidad el socialismo. Frente a la Viena Roja estará desde el primer momento el Christlichsoziale Partei, el partido conservador que ostenta el poder de la jefatura del estado.

Schattendorf y Julirevolte:

A lo largo de los años 20 la confrontación se agrava. Castigada por una inflacción desatada tras la guerra, la población austriaca comienza a fracturarse entre las dos visiones políticas mayoritarias y opuestas: los socialdemócratas y los conservadores. En estos años se crean distintas milicias, como el Republikanischer Schutzbund del lado socialdemócrata, o el Heimwehr, grupo paramilitar cercano al fascismo italiano. También tienen lugar los atentados contra el Bundeskanzler conservador, Ignaz Seipel, y el alcalde socialista de Viena, Karl Seitz. Sin embargo serán otros dos sucesos los que inflamen el conflicto hasta convertirlo en guerra civil. En 1927, tras la celebración de una marcha del Schutzbund en el pueblo de Schattendorf, tres integrantes de una asociación de ex-militares matan en un tiroteo a dos personas, una de ellas un niño de tan solo 6 años. Tras el juicio celebrado en julio, los autores del crimen son declarados inocentes y puestos en libertad. El fallo indigna a la población obrera de Viena que, de forma espontánea, comienza a reunirse alrededor del Palacio de Justicia. En un momento dado durante las protestas, un manifestante no identificado incendia el edificio. Este hecho precipitará una respuesta atroz por parte del jefe de la policía de la capital: abrir fuego contra los manifestantes. La policía masacra a 84 civiles.

Austrofaschismus:

En 1932 el Ministro de Agricultura del Christlichsoziale Partei, Engelbert Dollfuß, recibe el encargo de formar un nuevo gobierno para atajar la escalada de violencia. Pero, lejos de buscar un apaciguamiento, Dollfuß se aprovechará del poder recibido y emitirá en marzo de 1933 el decreto «Selbstausschaltung des Parlaments» (Autoeliminación del Parlamento), acabando de facto con la democracia parlamentaria en Austria. Durante muchos años el modelo estatal resultante será conoció como Ständestaat (Estado corporativo). Sin embargo, debido a las similitudes con la Italia fascista de Mussolini, con el que el propio Dollfuß llegó a firmar en 1934 el Protocolo de Roma, así como a las características verticales, simbólicas y dictatoriales de los estamentos de este gobierno, hoy día existe un amplio consenso en denominar al estado impuesto por Dollfuß, y continuado por su sucesor Kurt Schuschnigg, como Austrofaschismus. Bajo la batuta austrofascista se ilegalizó al Partido Comunista de Austria (KPÖ), al SDAP y también, por ser considerado como un competidor directo, al partido nacionalsocialista, que en las elecciones de 1930 ya había mostrado opciones de arrebatar el poder al partido conservador. Los edificios más representativos de esta época son las Notkirchen, iglesias de urgencia emplazadas en las cercanías de los edificios de protección oficial socialdemócratas.

Wiener Gemeindebauten:

Son los edificios comunales de Viena construidos por el SDAP, y también el escenario de los principales enfrentamientos de la Guerra Civil Austriaca. Conscientes de la deriva autoritaria del gobierno de Dollfuß, y ante la inacción de la cúpula dirigente del SDAP, el 12 de febrero de 1934 los obreros deciden armarse para defender la democracia. Aunque es en Linz donde se dejan oir los primeros disparos, el grueso del movimiento obrero insurgente se encuentra en la capital. Los trabajadores y trabajadoras de Viena se organizaron, construyeron barricadas y se atrincheraron en los «palacios del proletariado» de los distritos obreros de la ciudad, con la intención de repeler a la policía, al ejército y a los escuadrones del Heimwehr. Durante varios días los milicianos del Schutzbund combatieron a las tropas fascistas en Ottakring, Florisdorf y Meidling. Pero, ante la ausencia de un plan coordinado, y la falta de apoyo de una huelga general que podría haber sido determinante, el aparato represor del gobierno terminó imponiéndose al levantamiento popular bombardeando las viviendas civiles. Cientos de trabajadores murieron en los enfrentamientos, los mandos de la milicia fueron ejecutados, y los que sobrevivieron continuaron la lucha contra el fascismo, algunos de forma clandestina en el ilegalizado KPÖ, otros en la Guerra Civil de España, en el Batallón 12. Februar de las Brigadas Internacionales.

Dollfuß-Mythos:

Engelbert Dollfuß acabó con la democracia y el movimiento obrero en Austria. Solo unos meses después, fue asesinado por los nazis durante un intento de golpe de estado. Y en ese momento daría comienzo el mito del mártir Dollfuß. Mientras Hitler se daba un baño de masas en el Hofburg tras la anexión triunfal y cordial de Austria en 1938, una creencia soterrada que solo emergería una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, comenzaba a tomar cuerpo: Austria fue la primera víctima del nazismo, y Dollfuß el mártir que dio su vida en defensa de la nación y la iglesia. A esta tesis del victimismo austriaco no solo se acogieron los ciudadanos de a pie que habían celebrado fervorosamente la llegada del Tercer Reich, sino también una gran parte del Austrofascismo. Eso explica que tras 1945 los tres primeros Bundeskanzler del ÖVP (Österreichische Volkspartei, sucesor del Christlichsoziale Partei) consiguiesen ser elegidos para dirigir el país a pesar de haber engrosado las filas de los movimientos fascistas que acabaron con la democracia. Leopold Figl fue miembro de uno de los órganos del gobierno de Dollfuß y líder de la organización derechista paramilitar Ostmärkische Sturmscharen. Julius Raab ejerció como Ministro de Comercio durante el último gobierno de Kurt Schuschnigg. Y Alfons Gorbach lideró en Estiria la sección regional del partido fascista unificado Vaterländische Front. Tan cierto es que los tres habían sido prisioneros en campos de concentración nazis como que formaron parte del Austrofascismo que había liquidado a la Primera República Austriaca. Pero parece que nada blanquea mejor el propio pasado que presentarse como víctima de Hitler (aunque fuese por codiciar su trono totalitario).

La sombra del mito de Dollfuß es larga y llega hasta nuestros días. En 2021 salió a la luz que el Ministro del Interior del ÖVP, durante su mandato como alcalde en el pueblo de nacimiento de Dollfuß, mantuvo en funcionamiento un museo en honor al dictador. Debido a la presión de la opinión pública, el gobierno anunció el cierre del museo y la decisión de someterlo a una comisión de expertos que ofreciesen una perspectiva contextualizada de la figura del autócrata. Sin embargo, recientemente, el mismo partido que en 1998 tuvo la genial idea de erigir un museo conmemorativo a la semblanza del mártir conservador, ha echado por tierra cualquier intento por contextualizar los vestigios del Austrofaschismus, ocultando y cerrando bajo llave toda la colección de reliquias de la exposición. ¿No será éste el enésimo intento del ÖVP por preservar el Dollfuß-Mythos? Tal y como afirmó la historiadora Lucile Dreidemy durante la clausura del simposio alrededor del 12 de Febrero de 1934, los mitos tienen el poder de simplificar la historia y de reducir su significado. Solo cuando hayamos derribado todos los mitos podremos construir una historia diferente.