Inês estaba convencida de que moriría en aquella casa. Las palizas constantes, las descargas eléctricas o los baños helados a medianoche terminarían por hacerla sucumbir. A sus 29 años tenía la certeza de que, como tantas otras presas políticas, no saldría de allí con vida.
La dictadura militar instaurada en Brasil tras el golpe de 1964 marcó profundamente la biografía política y militante de Inês Etienne Romeu. Involucrada en los movimientos sociales y sindicalistas durante su época estudiantil, Inês Etienne tomó la decisión de abandonar sus estudios universitarios de Historia para unirse a la lucha armada. Hasta 1967 militó en la Organização Revolucionária Marxista Política Operária (Polop), y desde o Bucheto, el bar progresista que regentaba en la capital de Minas Gerais, colaboró en su financiación y en el reclutamiento de nuevos afiliados. El discurrir de su andadura militante la llevaría a integrarse en los principales grupos insurgentes de Brasil, desde los Comandos de Libertação Nacional (COLINA), pasando por la Vanguarda Armada Revolucionária (VAR-Palmares), hasta recalar en la Vanguarda Popular Revolucionária (VPR), donde llegó a formar parte del Comando Nacional bajo el mando del militar disidente Carlos Lamarca. En esta última organización, Inês Etienne participó en dos de las acciones con más repercusión de la guerrilla urbana brasileña: el robo de casi 3 millones de dólares de la caja fuerte de Ana Bechimol, amante del ex gobernador de São Paulo Adhemar de Barros, y el secuestro del embajador suizo en Brasil.
A partir de marzo de 1971, terminado el cautiverio del embajador, y debido al desgaste y al aislamiento de los grupos rebeldes, Inês Etienne se desligó de la VPR con la intención de exiliarse en Chile. Pero el 5 de mayo de 1971 fue interceptada en São Paulo por la policía política de Sérgio Paranhos Fleury, y ahí comenzó su calvario. En un primer momento Inês fue llevada al DOPS, el Departamento de Ordem Política e Social, donde la interrogaron con métodos extremos como el «pau de arara», castigo en el que la víctima queda suspendida de una estaca, atada de pies y manos. Sin embargo, el 8 de mayo, maniatada y con los ojos vendados, la trasladaron a una casa privada, en la que, para forzarla a delatar a sus compañeros, fue sometida durante meses a brutales torturas.
Durante 96 días Inês Etienne permaneció encerrada en aquella casa, sufriendo toda clase de crueldades y vejaciones. Varias veces tuvo que ser atendida por un médico, el «Dr. Carneiro», solo para que la tortura pudiese proseguir. Además de los golpes, se vio obligada a soportar violencia psicológica constante, amenazas de muerte hacia ella y sus familiares, y, también, abusos sexuales. Hasta en dos ocasiones fue violada por un captor conocido con el sobrenombre de «Camarão». Tan horroroso llegó a ser su tormento que intentó quitarse la vida hasta en 4 ocasiones. Pero Inês Etienne Romeu sobrevivió. La guerrillera engañó a los militares, convenciéndolos de que trabajaría para el gobierno denunciando a sus antiguos camaradas como agente infiltrada, y el 11 de agosto de 1971 fue liberada en el jardín de la casa de una de sus hermanas.
Demacrada, lacerada, pesando 35 quilos, Inês ingresó de inmediato en el hospital. Las demandas de su familia, que llevaba semanas reclamando sus restos mortales, habían precipitado la liberación, pero su situación seguía siendo angustiosa. Para las autoridades, Inês no figuraba entre las detenidas del régimen; era libre. Sin embargo, las inquietantes visitas de sus secuestradores durante su convalecencia le recordaban incesantemente que el trato con los militares seguía en pié, y que ella y sus seres queridos aún corrían un grave peligro. Para salvarla de nuevos secuestros y futuras represalias, su abogado solo encontró una solución posible: legalizar su detención. Así fue como Etienne redactó una declaración, conocida como «O relatório Inês», en la que detalló todas y cada una de las informaciones, descripciones e impresiones grabadas en su mente durante el tiempo que pasó recluida en la casa: nombres y apodos de los carceleros, rangos, apariencias, identidades de otros cautivos, rutinas, castigos, abusos. Esa confesión la llevó a la cárcel, pero le salvó la vida.
En 1972 Inês Etienne fue condenada a cadena perpetua por el secuestro del embajador suizo. A partir de ese momento, su círculo íntimo se entregó a una lucha incansable para que su caso no cayese en el olvido. De ese empeño surgió un movimiento de apoyo internacional promovido por el colectivo feminista francés Les Insoumuses. Con la intención de denunciar la situación de la presa política brasileña en el Primer Congreso Internacional de Mujeres en Frankfurt, la directora Delphine Seyrig rodó en 1974 Inês, una película en la que se recreaban las inhumanas torturas sufridas por Etienne. Según las investigadoras Patricia Furtado Mendes Machado y Thais Continentino Blank, «las mujeres que vieron la película iniciaron una campaña internacional para exigir la liberación inmediata de Inês.» Esa presión surtió efecto, y en 1977 su pena se redujo a 30 años. Etienne fue finalmente liberada el 29 de agosto de 1979, aunque, como afirma la historiadora Isabel Cristina Leite, la guerrillera salió bajo libertad condicional, y no gracias a la Lei da Anistia, promulgada un día antes y con la que se intentó dar carpetazo al siniestro capítulo de la dictadura.
Inês Etienne Romeu fue la última presa política de la dictadura militar en salir de la cárcel. Le costó varios años recomponer su integridad quebrada durante la reclusión, pero aprendió a vivir con ello. Retomó sus estudios de Historia, consiguió un puesto de trabajo en el Archivo del Estado de São Paulo, y, sobre todo, Inês practicó la perseverancia. Desde el momento en que salió del presidio, Etienne se dedicó a recabar toda la información posible que le permitiese encontrar a sus torturadores y denunciarlos. Gracias a su prodigiosa memoria pudo ubicar el centro clandestino de tortura y asesinato en el que estuvo encarcelada: Rua Arthur Barbosa, 668, en el barrio de Caxambu, Petrópolis. Encaró a su propietario, Mario Lodders, quién había cedido el inmueble al Centro de Información del Ejército (CIE), y estaba al tanto de la tortura institucionalizada que en él se practicaba. Su testimonio también ayudó a identificar al psicoanalista Amílcar Lobo como el «Dr. Carneiro», además de a varios de sus torturadores, como el teniente del ejército Antonio Fernando Hugues de Carvalho. Descubrió que fue la única superviviente de la que por entonces ya se conocía como «a Casa da Morte», y arrojó algo de luz sobre el trágico destino que pudieron haber sufrido otros presos políticos desaparecidos, como Carlos Alberto Soares de Freitas, Paulo de Tarso Celestino da Silva, Heleny Telles Ferreira Guariba o Mariano Joaquim da Silva.
El relato y las acusaciones de Inês fueron confirmadas en 2014 por el coronel Paulo Malhães, uno de los responsables de las torturas y ejecuciones de presos políticos en la Casa de la Muerte. Durante su declaración ante la Comissão Nacional da Verdade (CNV), Malhães reconoció que «Fue Inês Etienne Romeu quien derribó la casa en Petrópolis. […] Ella derribó la casa porque reconoció la casa». Desgraciadamente, en una de esas ironías macabras de la historia, por carecer de carácter punitivo, la misma ley de amnistía de la que Etienne nunca se benefició impidió que sus verdugos fuesen juzgados. Paulo Malhães sería asesinado un mes después de haber confesado. Inês Etienne Romeu no pudo declarar ante la CNV debido a las graves secuelas que arrastraba desde 2003, cuando un desconocido la asaltó en su propia casa. Murió en 2015.
La mujer que sobrevivió para destapar los crímenes más oscuros de la dictadura militar brasileña no llegó a conocer la justicia. Pero su perseverancia no cayó en saco roto. A pesar de los impedimentos de la judicatura brasileña, Antônio Waneir Pinheiro Lima, alias «Camarão», ha sido el primer militar acusado oficialmente por violencia sexual durante la dictadura militar. Varias organizaciones continúan trabajando para convertir «a Casa da Morte» en un centro de reparación y memoria a las víctimas. Y, como afirman las abogadas Lucila Lang Patriani de Carvalho y Pamela Michelena De Marchi Gherini, «Los relatos de Inês Etienne, junto con la existencia de otras mujeres que formaron parte de la resistencia a la dictadura militar, […] exponen el modo en que las mujeres eran tratadas mientras estaban prisioneras», aportando una perspectiva de género determinante en la persecución de los delitos contra los Derechos Humanos.
El testimonio de Inês se ha convertido en una evidencia decisiva e insoslayable, que contiene la fuerza de toda una vida luchando contra al horror de la dictadura.
Fuentes:
Leite, I., Gumieri, J., Carvalho, L., Gherini, P. (2021). Se eu morrer, Inês Etienne e a denúncia da violência de Estado e de gênero. Editora Monstra.
Machado, P. y Blank, T. (2020) Musas insubmissas: Estudo de “Inês” (1974), um filme de coletivo sobre uma presa política brasileira. Revista ECO-Pós. Dossiê Crise, Feminismo e Comunicação.
Seyrig, D. (Directora). (1974). Inês [Film]. Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir.
Comissão Nacional da Verdade. (31 de marzo de 2014). Depoimento do coronel Paulo Malhães, ex-agente do CIE – parte 1/2. [Archivo de Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=e2SnsSYG7O0
Bernardo, A. (9 de enero de 2021). A história da ‘Casa da Morte’ contada por única sobrevivente. BBC Newa Brasil. https://www.bbc.com/portuguese/brasil-55492932
