El dominio perdido

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Cada vez que me encuentro con algún enterao defendiendo la participación en redes sociales privativas, porque es «el sitio en el que hay que estar», me acuerdo de lo que una vez le escuché a un serbocroata. Pasaba la tarde en un café de una capital centroeuropea con un grupo de emigrados, cuando un autodenominado expat tuvo la brillante idea de ponerse a pontificar sobre finanzas. Que si no se podía dejar el dinero parado, que si había que buscarse un passive income, que si la inversión inmobiliaria era la opción más segura y rentable; el salmo de siempre. El serbocroata apuró su vaso, miró al predicador desde el fondo de la mesa, y muy tranquilo le dijo: «si supieses lo que hace una guerra con el mercado inmobiliario no confiarías tanto».

No es mi intención frivolizar con los horrores de la guerra, pero sinceramente creo que la sabia lección contenida en aquella frase lapidaria bien podría aplicarse a un amplio abanico de cuestiones, entre ellas, al actual debate sobre redes sociales descentralizadas y soberanía digital. Confiar nuestra privacidad, nuestro ocio o nuestras comunicaciones a entes opacos movidos por intereses económicos y políticos, no es la estrategia ganadora que pretenden hacernos creer. La corta pero trepidante historia de Internet está repleta de ejemplos que nos enseñan que nadie está a salvo de los peligros inherentes a los entornos virtuales centralizados, ni siquiera el sacrosanto estado-nación. Para comprobarlo solo basta con volver la mirada, precisamente, a los Balcanes, cuando Internet emergía y se desintegraba la República Federativa Socialista de Yugoslavia.

.yu fue el dominio de nivel superior geográfico (ccTLD por sus siglas en inglés) que la Internet Assigned Numbers Authority (IANA) asignó a Yugoslavia. Registrado en 1989 por el Institut Jožef Stefan de Liubliana, el dominio cayó en manos de Borka Jerman-Blažič, la científica informática que logró convertir los paquetes de datos de X.25 —tecnología que entonces interconectaba las redes nacionales de investigación en Europa— al protocolo de Internet, posibilitando así el intercambio académico y científico entre Yugoslavia y el resto del mundo. Aunque su aportación más determinante fue su empeño en superar el bloqueo burocrático que durante años retrasó la puesta en marcha de la conexión. Entorpecida por sus superiores y por las autoridades de Belgrado, que recelaban al considerar la red una infraestructura nacional estratégica, Jerman-Blažič llegó a personarse ante la Secretaría de Defensa de Yugoslavia para obtener el ansiado permiso. Y no cabe duda de que lo consiguió. Para finales de junio de 1991, Eslovenia no solo había establecido su primera conexión a Internet, también había declarado su independencia de Yugoslavia, llevándose consigo el dominio .yu.

A medida que la federación socialista se desgajaba y la ONU iba reconociendo los territorios independizados, cada uno de los nuevos estados soberanos fue recibiendo su propio dominio ccTLD de dos letras, tal y como establece el estándar internacional ISO 3166-1. Salvo por dos excepciones: la República Federal de Yugoslavia, unión de Serbia y Montenegro a la que debido a las sanciones internacionales se excluyó de cualquier cooperación científica y técnica, y Eslovenia, que no solo consiguió su dominio .si, sino que además continuó controlando .yu. Según declaró Jerman-Blažič en una entrevista, en julio de 1992 miembros del Academic and Research Network of Slovenia (ARNES) —organismo encargado de gestionar la red de comunicaciones eslovenas tras la independencia— asaltaron su laboratorio, copiaron del servidor los datos del dominio, y cortaron la línea que lo conectaba a la red. Durante los siguientes dos años, ARNES mantuvo cautivo el dominio .yu, rechazando cualquier petición procedente de Belgrado.

Para la asesora ejecutiva del RNIDS (Registro Serbio de Nombres de Dominio de Internet) Mirjana Tasic, detrás de ese veto a la comunidad científica serbia se encontraba la negativa personal del director de ARNES Marko Bonač. Por eso, en un intento por resolver una cuestión que se había convertido en una disputa sucesoria, la informática tomó la determinación de apelar directamente a IANA. De acuerdo con el testimonio de Tasic en el documental From Yu to Me, hicieron falta dos años de correspondencia, y la intervención directa del mismísimo «dios de Internet» Jon Postel, para que .yu fuese entregado a la Universidad de Belgrado. Pero esta decisión no sólo propició la llegada de Internet Serbia en 1995, sino que también sentó un precedente al permitir que un dominio sobreviviese al país que lo había originado.

Hasta entonces, y como norma general, IANA había optado por extinguir los dominios de países desaparecidos, como ocurrió con .cs de Checoslovaquia, .zr de Zaire o .dd de la República Democrática Alemana. Sin embargo, los veleidosos designios del organismo controlado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos permitieron que en 1994 perduraran .su, dominio asignado a la Unión Soviética, y el consabido .yu. No sería hasta 2006, con la separación de Serbia y Montenegro, y la consecuente creación de sus respectivos dominios soberanos, .rs y .me, cuando la Internet Corporation for Assigning Numbers and Names (ICANN), sucesora de IANA, resolvió eliminar .yu definitivamente. Curiosamente, el dominio .su sigue activo hoy día y en poder de Rusia.

El dominio de la República Federativa Socialista de Yugoslavia dejó de funcionar el 30 de marzo de 2010. Según un reporte de IANA, en el momento de la desconexión había 4.266 sitios web activos bajo el dominio .yu. En su investigación sobre la «Yugoesfera web», Francesco Mazzucchelli afirmó que, hasta poco antes de su desaparición, el dominio .yu aún era muy popular entre yugonostálgicos, y servía como refugio virtual a la diáspora yugoslava. Pero, como demostró la experta en historiografía web Anat Ben-David, la extinción de .yu no solo acabó con los rincones digitales dedicados a la nostalgia y al fetichismo de épocas pasadas, sino también con gran parte del patrimonio digital de Yugoslavia.

Basándose en los registros de Internet Archive, y en una lista de 46.102 URLs recopiladas meses antes de la desconexión total por el activista de Wikimedia Nikola Smolenski, Ben-David trató de rastrear los vestigios que quedaban del ciberespacio yugoslavo, descubriendo que, a pesar de que en su día llegase a alojar 32.000 sitios web, para la red actual es como si .yu nunca hubiese existido. Sí, en Internet Archive aún se pueden encontrar los retazos del dominio, siempre y cuando se conozca la URL exacta, y no se busque nada anterior a 1996, cuando la biblioteca digital sin ánimo de lucro comenzó su andadura. Sin embargo, el trabajo de la investigadora puso de manifiesto que el borrado del ccTLD en el DNS ocasionó una «pérdida permanente de memoria», un extravío del pasado digital al que los pueblos y estados no soberanos, sin los medios y recursos necesarios para la preservación, están condenados.

Pero lo que .yu no logró como archivo virtual, puede que lo consiga como artefacto museístico. Así al menos lo creyó Ivan Manojlovic, el conservador del patrimonio cultural que se encargó de convertir el dominio en una pieza más del Museo de la historia de Yugoslavia. Tras reunir documentación y testimonios repartidos entre dos países, Manojlovic fue capaz de armar un relato que hablaba del pasado, la memoria y la guerra, pero también de la fragilidad de los sistemas que nos rodean, menos imperecederos de lo que los creemos.

Esta historia, como todas, esconde una enseñanza: si un organismo supranacional puede decidir sobre el acervo digital originado alrededor de un país, imagina lo que ocurrirá con todo el contenido que has creado en esa plataforma que pertenece una empresa privada.

Fuentes:

Ben-David, A. (2016). What does the Web remember of its deleted past? An archival reconstruction of the former Yugoslav top-level domain. New Media & Society, 18 (7), 1103-1119.

Domanovic, A. (Directora). (2013) From yu to me. [Película; Vídeo online]. https://vimeo.com/195133448

Internet Assigned Numbers Authority. (1 de abril de 2010). Removal of the .YU domain formerly representing Yugoslavia. https://www.iana.org/reports/2010/yu-report-01apr2010.html

Kolev, K. (19 de octubre de 2023). Yugoslavia’s Digital Twin. The Dial. https://www.thedial.world/articles/news/issue-9/yugolsav-wars-yu-domain-history-icann

Mazzucchelli, F. (2012). What Remains of Yugoslavia? From the geopolitical space of Yugoslavia to the virtual space of the Web Yugosphere. Social Science Information, 51 (4), 31–48.